Difusores de riego

Para los no expertos, hay una serie de criterios a tener en cuenta para cuando vamos a adquirir este tipo de producto.

En primer lugar, tenemos que saber la altura a la que se eleva el vástago del suelo, un aspecto muy importante para asegurarnos de que toda la superficie queda regada (y no mojamos de más). Si es para césped, tendremos que elegir una altura menor de 10 cm, pero mayor de 5 (es el más utilizado para, por ejemplo, el riego residencial). En cambio, para un campo mayor y con diferentes tipos de plantas, la altura dependerá de la longitud de estas.

Una vez hayamos establecido la altura de elevación, habrá que pensar en la superficie que queremos abarcar con el riego. Para ello, destacamos la tobera que, además de este aspecto, marca el ángulo para que el agua apunte a la planta y no moje todo lo que está a su alrededor, con el consiguiente desperdicio. En el mercado existen muchos tipos de tobera: las del ángulo fijo y ajustable (las más versátiles), de franja (riegan zonas muy concretas) y rotativas (las más eficientes).

El último elemento del difusor de riego es la rosca, cuyo tamaño depende del difusor al que acompañe y la cual suele ser fabricada en plástico.

Algunas de las recomendaciones para alargar la vida útil de estos aparatos y evitar problemas de incompatibilidades pasan por comprar difusores y toberas de la misma marca. Aunque, antes de adquirir el material, tenemos que tener muy en cuenta qué alcance queremos abarcar, qué tipo de plantas hay y el tipo de plantación (jardineras, jardín, terreno más amplio, etc.), como te hemos indicado anteriormente.

Por último, para conseguir un riego uniforme en toda la zona, hemos de tener en cuenta que los difusores deben solaparse entre ellos, de manera que rieguen uno por encima del otro. Si optamos por que nos lo coloque un profesional, podemos comprobar, por nosotros mismos, si lo han hecho adecuadamente, con estas sencillas reglas.